 Placa dedicada a los héroes del Nueve de Mayo Desde el balcón de correos en la ciudad de Oviedo, el cartero, D. Álvaro Ramos leyó la correspondencia en la que se narraban los detalles de los sucesos del Dos de Mayo de 1808 en Madrid. Es necesario recordar que en esta simbólica fecha de Dos de Mayo, el pueblo de Madrid, acaudillado por Daoíz y Velarde, se rebela contra el invasor francés. Si bien es verdad que esta rebelión no triunfa en principio, va a suponer uno de los principales focos de los que surja la resistencia popular contra Francia. En Asturias prendió con fuerza la rebelión: muchos asturianos habían muerto en Madrid y el pueblo se exaltaba ante la lectura de la correspondencia que detallaba los crímenes.Encontramos una relación de los asturianos muertos y heridos en Madrid en Fermín Canella Secades, Memorias asturianas de 1808, Oviedo, Imprenta de Flórez, Gusano y Compañía, Calle de San José, núm. 6, 1908, págs 15-24. Después de la lectura del correo, con los ovetenses ya enfurecidos, los magistrados y Nicolás Llano Ponte, Comandante Provincial, pretendieron publicar el bando de Murat. De la Escosura se dispuso a leerlo, pero la algarabía en las calles no le permitía hablar. Frente a la fuente de Cimadevilla, María Andallón y Joaquina Bobela, estallaron en gritos ¡qué no se publique! A partir de aquí, otras personas se sumaron a la indignación, como el médico Reconco o el conde de Peñalva que lanzaron la consigna : ¡A las armas! Los sublevados rompieron el parche del tambor de la guardia que acompaña al comandante y comienzaron a tirarles piedras a los magistrados que retrocedieron y se refugiaron en la Audiencia. Por un balcón de ésta, el Obispo Hermida procuró sin éxito, calmar a la muchedumbre.  Recreación de Murat El pueblo de Oviedo seguía reclamando a gritos el bando de Murat para quemarlo. Cada vez más gente se arremolinaba en la puerta de la Audiencia. Una columna de estudiantes y otra de vascos, trajeron las armas de fuego, procedentes del asalto a la fábrica de armas. Tomaron al asalto la audiencia entre gritos de ¡viva la religión! y ¡Viva el Rey! Comandados por el Procurador General y otros personajes de Oviedo el bando se quemó en el actual parque. A las cinco de la tarde de ese mismo día, se reúnen el pueblo y algunos diputados y entre todos deciden no reconocer más Rey que a Fernando VII y confiarse a la Junta, en lugar de a la Audiencia. El 25 de mayo, tras golpe de mano de varios patriotas, se produjo la creación de una Junta Suprema que enviaría emisarios a Inglaterra para firmar la paz en nombre de España y aliarse con los británicos, consiguiendo así suministros y armas, además de medios para repatriar a tropas españolas desplazadas por toda Europa en las campañas napoleónicas, como en el caso del regimiento del Marqués de la Romana. Como señala Ramón Álvarez Valdés en sus Memorias del levantamiento de Asturias en 1808, esta Junta Suprema ejerce las funciones de soberanía en nombre de Fernando VII, es decir, en nombre de España: «Nota de las demandas expresivas de la voluntad del pueblo de esta capital [...]
Art. 2.° Siendo la primera medida de salvación la de crear un Gobierno patriótico, enérgico y entendido que dirija con acierto los esfuerzos de los asturianos en resistir la horrible agresión que les amenaza, crea e instituye una Suprema Junta de Gobierno con todas las atribuciones de la Soberanía que ejercerá en nombre de Fernando VII mientras no fuese restituido al Trono, compuesta del patricio D. José María del Busto, Juez primero noble de esta ciudad y de los demás individuos que merecen la confianza del pueblo y se designan en la lista entregada al Sr. Comandante general. Art. 3.° Esta Suprema Junta no procederá a ningún acto hasta que haya prestado sobre los Santos Evangelios el juramento de fidelidad al Rey y a la Patria y de sacrificar en sus aras la vida, antes que supeditarse a la ignominia de sufrir el yugo de la dominación francesa.»
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