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San Julián de los Prados
San Julián de los Prados
En el 761, los monjes Máximo y Fromestano, fundaron una comunidad de monjes benedictinos alrededor de la cual se agruparían aldeas que formarían el primer núcleo poblacional documentado en el Oviedo actual.  El monasterio en torno al cuál se formó este primer núcleo se fundó bajo la advocación de San Vicente y aún hoy se conserva la iglesia original de este monasterio, aunque pertenezca a la Iglesia de Santa María de la Corte. 

El primer intento de convertir en capital del reino aquella pequeña población, estuvo en manos de Fruela I, quien trasladó la corte regia desde Cangas de Onís  (donde Don Pelayo se proclamase rey),  hasta el emplazamiento de los monjes benedictinos. Algunas versiones históricas señalan a Fruela como fundador de la basílica de San Salvador, donde fue enterrado junto a su esposa. El sucesor de Fruela, trasladaría la corte a Pravia, donde quedaría establecida hasta el entronamiento de Alfonso II.

En la corte de Pravia fue criado Alfonso por los reyes Silo y Adosinda (hermana de Fruela) que no consiguió imponer a su sobrino como rey frente a Mauregato a pesar de ser el último descendiente del rey Pelayo . Alfonso II fue coronado, según las crónicas en el año 791.

 

No obstante, a la muerte de Mauregato, Alfonso es coronado rey, pasando a ser Alfonso II, el Casto. Tres años después de su toma de poder (794) las hordas musulmanas destruyeron Oviedo, lo cual le reafirmó en su decisión de establecer en Oviedo la capital del reino.

 

Con Alfonso II se produce un renacimiento general de la cultura cristiana en el Norte de España. Alfonso II reconstruyó la basílica de San Salvador fundada por su padre, construyó de los restos arquitectónicos de una basílica romana, a cuatrocientos estadios de la catedral, la basílica de San Julián de los Prados, actualmente, Patrimonio de la Humanidad.

 

También construyó iglesias bajo la advocación de la Virgen y de San Tirso. De la iglesia contruida en honor de San Tirso, sólo se conserva el Testero de San Tirso, situado en el Tránsito de Santa Bárbara (junto a la catedral).  Alfonso II reconstruye Oviedo a imagen y semejanza de la malograda Toledo. Oviedo será el relevo religioso de Toledo, dado que alberga las reliquias trasladadas desde allí (según la leyenda) por el rey Don Pelayo. La amplia actividad constructora de Alfonso II y las dotaciones de arquitectura civil son una muestra de la emulación de los emperadores romanos y bizantinos.  Oviedo es presentada por algunos historiadores como la sucesora de Toledo, tanto en el plano civil como en el religioso, es decir como heredera y continuadora del derecho hispanorromano y del cristianismo. Prueba de su continuidad con Roma puede señalarse el relicario de la Cruz de los Ángeles, en cuyo reverso del brazo superior, Alfonso II hizo acuñar la siguiente inscripción: «Adefonsus humilis servus Christi», utilizada por primera vez por un rey en España y que alude directamente a la retórica imperial romana usada por Constantino el Grande y más tarde por el emperador Justiniano II, que la utilizó en sus monedas. El emperador Teófilo, contemporáneo de Alfonso II, utilizó esta misma expresión, mientras que Carlomagno prefirió para su coronación tomar el lema de Augusto y proclamarse «emperador de los romanos».

 

 

 

 
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