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La Expansión del Reino de Oviedo PDF Imprimir E-Mail

Santa María del Naranco
Santa María del Naranco

Tras la última incursión de los musulmanes en Oviedo en el año 795, Alfonso II el Casto, que reinó desde el 791 hasta el 842, inicia un proceso de renacimiento y expansión del Reino: se  instituye su capital en Oviedo en el año 812, alcanzando el reino toda la franja norte y consolidándose en la región castellana tras la cornisa cantábrica. En el año 798 Alfonso II realiza una profunda incursión en territorio árabe y conquista la ciudad de Lisboa, obteniendo un gran botín. Con el objeto de establecer alianzas frente al Islam, el Rey Casto decide enviar ese mismo año una embajada a Carlomagno presidida por el embajador Froila y el teólogo Basilisco, donde se ofrecen al emperador francés varios de los objetos obtenidos en el saqueo de Lisboa, como una lujosa tienda de campaña árabe. Muchos historiadores de prestigio, como Claudio Sánchez Albornoz, coinciden en que el saqueo de Lisboa tuvo una gran repercusión en el mundo cristiano, por lo que esta comitiva constituye un acto simbólico en el que el soberano Alfonso II manifiesta su poder ante un Rey nombrado por el Papa y tributario suyo: primero nombrado rey de los francos por el Papa Zacarías en el 751 y después emperador del futuro Sacro Imperio por León III en el año 800.

De esta época también data la Batalla de Roncesvalles, negada por una parte considerable de la crítica desde el siglo XVII pero aceptada por los historiadores franceses, en la que el sobrino de Alfonso II, Bernardo del Carpio, vence a Roldán y a los Doce Pares de Francia en una fecha que se sitúa probablemente en el año 808, año en que se forja la Cruz de los Ángeles, reliquia donada por Alfonso II a la Iglesia de San Salvador de Oviedo, fundada también por el Rey Casto y que incluye la Cámara Santa con las principales reliquias de la cristiandad. Posteriormente en el siglo XI se atribuyó a la cruz una leyenda que supone a dos ángeles como los orfebres de la misma, relatada en la Crónica Silense (año 1115), donde se relaciona a Alfonso II con el arca de las reliquias ovetenses contenida en la Iglesia-Catedral de San Salvador.

La cruz incluye las letras griegas alfa y omega (principio y fin), símbolos del Apocalipsis y de Dios, como se señala en La Biblia. En el brazo inferior de la cruz aparece la inscripción Hoc signo tuetur pius=Hoc signo vincitur inimicus (Con esta señal se defiende el piadoso=Con esta señal se vence al enemigo), resonancia del lema del emperador bizantino Constantino, Hoc signo victor eris (Con este signo vencerás), ya utilizado por el Imperio Romano en tiempos de Constancio II (337-361). Pronto la inscripción se convirtió en un lema de la monarquía ovetense, que también aparece en la Cruz de la Victoria en tiempos de Alfonso III (año 908). Estas inscripciones nos sirven para concluir que la Cruz de los Ángeles es un símbolo del poder de Alfonso II, representado en la donación a la Iglesia de San Salvador de Oviedo, símbolo de un imperio cristiano que se intenta consolidar en Europa con Carlomagno y Alfonso II como competidores, uno al albur de Roma y el otro desligándose de ella.

Pero fundar un imperio cristiano al margen de Roma implica también crear lugares simbólicos y de peregrinaje, fundar una nueva iglesia distinta de la visigoda, que ha quedado en manos de los musulmanes. Alfonso II, con el posterior descubrimiento del sepulcro del Apóstol Santiago poco después de ser instituida Oviedo como capital, funda un centro de peregrinaje en Santiago de Compostela, el Camino de Santiago, con una parada obligada, la Iglesia de San Salvador de Oviedo, como bien señala el lema: «Quien va a Santiago y no a San Salvador, visita al siervo y olvida al Señor». Así Alfonso II podría competir con las peregrinaciones cristianas a Roma y las musulmanas a Córdoba, en la línea del imperio cristiano que buscaba construir.

 
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