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Oviedo, Capital simbólica del Reino de España PDF Imprimir E-Mail

Cámara Santa
Cámara Santa

Cuando en el 908 Alfonso III traslada su corte a la ciudad de León, la unidad política del Estado no se rompe. Oviedo queda convertida en capital simbólica, en ciudad-relicario, donde se guarda la Cruz de la Victoria  símbolo de la Reconquista.

No sólo la Cruz, sino todas las reliquias que guarda la Cámara Santa (ampolla con la sangre de Cristo, leche de la Virgen, maná, santo sudario, &c.) de la Catedral de Oviedo, se convierten en símbolo espiritual del nuevo Estado que empuja hacia el sur de la Península Ibérica. Según F. J. Simonet, (Historia de los mozárabes españoles, Madrid, 1903, pág 253 y ss.) las reliquias de San Vicente fueron veneradas en Valencia hasta el ataque de Abderramán II a las posesiones de Teodomiro, cuando fueron trasladadas a Zaragoza y de allí al Algarbe,  yendo parte de ellas al territorio asturiano con el abad Fromestano y sus seguidores.

En 1075, Alfonso VI acude a Oviedo para la apertura del Arca Santa junto a su hermana Urraca, con un séquito en el que figura el Cid, cuya esposa Jimena, era copropietaria del monasterio de San Salvador de Tol en Castropol, por el que tuvieron pleito, que perdieron, contra el obispo de Oviedo Arias. Cuando abrieron el arca, salió de ella tal resplandor que cegaba los ojos de los presentes impidiendo ver nada más que la luz:

«Tanta lux emicuit ab illa ut pro ipso splendore oculi non possent aspiciere que habebatur intra claustra arche...». Ante esto, Alfonso VI dispuso que una nueva arca de chapas de plata ricamente labradas y que aún podemos admirar guardase dignamente en adelante tan preciadas reliquias.

Durante todo este periodo, Oviedo ha ido perdiendo importancia como capital política en beneficio de León.  Pelayo de Oviedo, va a intentar que su diócesis vuelva a tener la importancia de épocas anteriores ante el empuje de León, Toledo y Santiago. 

Se desconocen muchos datos de vida de este importante personaje de la Historia de Oviedo, entre ellos el lugar de su nacimiento. Se sabe con certeza, por ejemplo, que en 1098 recibió la consagración episcopal como auxiliar de Martín I, el titular de la sede. Se caracterizó por la defensa de los intereses territoriales de la diócesis de Oviedo.

El obispo Pelayo, tiene una gran significación para el estudio de la historiografía del reino de Oviedo. De su «oficina» salió el Corpus Pelagianus, cuya parte principal está compuesta por el Liber Chronicorum, donde se encuentran copiadas la mayoría de las Crónicas compuestas anteriormente, como la Historia Gothorum, la Historia Universal de S. Isidoro, la Crónica de Sebastián y la de Sampiro. Compuso, además una crónica original, que lleva su nombre y que continúa las anteriores, donde se encuentran sintetizadas y subrayadas todas las características de la historiografía medieval: providencialismo, moralismo histórico; e instrumentalización de la nobleza frente a los intereses de la Iglesia (agustinismo político). El hipercriticismo de diversos autores (i.e. Lucien Barrau-Dihigo) ha cargado las tintas contra la labor historiográfica de Pelayo, tachándole de falsario, fabuloso e interpolador, de forma no siempre justificada. La obra que ha hecho más célebre al obispo Pelayo ha sido el Libro de los Testamentos donde el prelado ovetense recogió todos los documentos relacionados con la situación jurídica, la historia y las posesiones de su diócesis.

La crónica del Obispo Pelayo está a la altura de las anteriores o las posteriores de Silense, Toledano o Alfonso X, por lo tanto, debe ser reivindicado como historiador de España a la altura de los anteriores, luchando contra la leyenda negra de falsario e interpolador que le rodea.

 

 

 
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